La mayor parte del día la pasamos en nuestros empleos, y los compañeros de trabajo forman parte de nuestro día a día más que cualquier otra persona. Por eso es importante analizar en profundidad esta relación.
Así como la relación con nuestros jefes o con figuras de autoridad, sigue el modelo paterno, las relaciones con los compañeros de trabajo sigue el modelo de la relación con nuestros hermanos.
La rivalidad es algo que aparece muy tempranamente en la vida del sujeto. Los hermanos se constituyen como los primeros rivales, ya que compiten por el amor de los padres.
Pero ¿de dónde procede esta rivalidad? En los momentos iniciales de la vida, nuestros padres lo fueron todo para nosotros. Nuestra vida dependía de ellos. El «cachorro» humano nace en total indefensión y si no es por otros, no tiene capacidad de supervivencia. Esta situación de extrema necesidad al nacer, determinará nuestras relaciones futuras.
Los hermanos serán los primeros rivales frente a aquellos que nos lo dan todo para vivir. Podríamos pensarlo como una cuestión de supervivencia. Soy yo o el otro. En esta situación, es donde se instauran sentimientos tan socialmente rechazables, como necesarios en ese momento de nuestra vida , como son los celos y la envidia. El niño quiere a su madre para él solo y no será capaz de compartirla. Cuando su madre está con su hermanito, o con alguna otra cosa quela distraiga, sentirá celos y reclamará su atención.
Pero el niño también sentirá envidia, ya que no solo quiere a su madre para él, sino que, a la vez, no quiere que el otro la disfrute. No hay solución para este conflicto. Será la labor educadora la que limite estos afectos tan intensos y necesarios.
Las relaciones que posteriormente mantenemos con nuestros compañeros de trabajo, tendrán que ver con esta relación entre hermanos. Según cómo nos hayamos constituido frente al otro, como nos hayamos posicionado frente a estos afectos, gozaremos de relaciones colaborativas o de rivalidad. Los hermanos son los primeros compañeros de juego y, por tanto, los primeros compañeros en nuestra vida.
El proceso psicoanalítico lo que viene a hacer es que cuando esos sentimientos, que fueron intensos en nuestra infancia, lo siguen siendo en el presente, creándonos conflictos con los otros, el Psicoanálisis viene a civilizarlos. Viene a darles otro uso distinto del que les dimos, poniéndolo al servicio de nuestro crecimiento. Pretender acabar con los celos o con la envidia es una ilusión, ya que son constitutivos del ser humano. Lo que se puede hacer es civilizarlos, ponerlos al servicio de algo. Y para civilizar esos afectos nada mejor que los pactos.
Una Psicoanalista en Las Palmas