El enamoramiento es uno de los procesos más enigmáticos en el sujeto humano. La persona que lo siente va a sufrir una serie de cambios en su comportamiento. Por suerte, para el que lo padece, es transitorio y después de un tiempo desaparece. Pero ¿en qué consiste este proceso? El psicoanálisis lo estudia en profundidad.
El enamoramiento es un estado transitorio por el que pasa el sujeto cuando se siente atraído, sexual y sentimentalmente, hacia otro, hacia el que siente una corriente de simpatía y atracción más allá de lo habitual. Durante el enamoramiento la persona cambia sus hábitos de vida, su estado de ánimo, y su interés por las cosas se ve reducido a todo aquello que tenga que ver con el objeto amado.
Pero ¿cuáles son las características de este peculiar estado? Durante el enamoramiento estamos bajo el influjo de los siguientes aspectos:
- Superestimación del objeto amado: el objeto amado queda sustraído a toda crítica, siendo valoradas más altamente sus cualidades que cuando aún no era amado, o que las de personas indiferentes.
- Tendencia a la idealización del objeto amado: no solo se ensalzan sus virtudes, sino que, además, se le atribuyen cualidades que no tiene. En psicoanálisis decimos que se coloca al objeto amado en el lugar del ideal del yo, modelo al que el sujeto intenta parecerse, es decir, le atribuye aquellas virtudes que como sujeto quisiera alcanzar. Podemos resumir este aspecto diciendo que amamos al objeto a causa de las perfecciones a las que aspiramos para nuestro propio yo y que quisiéramos procurarnos por este rodeo que es el enamoramiento
- En todo enamoramiento hallamos rasgos de humildad del enamorado, y la tendencia a la propia minoración o disminución del amor propio. El enamorado se siente humilde ante el objeto amoroso. Sin embargo, esta humildad es de fachada, ya que acabamos de decir que a través del enamoramiento el enamorado procura alcanzar las perfecciones para su propio yo.
Cuando el amor es platónico, es decir, no correspondido por el objeto amado, estas características van a intensificarse, ya que en el amor correspondido, cada satisfacción sexual es seguida de una disminución de la superestimación del objeto.
La superestimación del objeto produce la conocida ceguera amorosa, pudiendo llegar el sujeto a realizar actos que en otros estados no realizaría.
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