El término Narcisismo fue utilizado por primera vez por el psiquiatra Paul Näcke para hacer referencia a aquellas personas que solo se aman a sí mismas y que son incapaces de amar a las demás. El concepto lo toma del mito de Narciso. Sin embargo, hubo un momento en la vida de todos que nos tomamos a nosotros mismos como objetos amorosos, y a esa etapa se le llamó también Narcisismo.
(ver entrada anterior https://pinolorenzo.com/autoestima-amor-uno-copy/)
El narcisismo infantil se va limitando, sin embargo, restos de esa etapa van a quedar en todos. Y una de las manifestaciones de esos restos son las resistencias narcisistas inconscientes del yo. Estas resistencias, que son la herencia de la fase narcisista, explicarían la singular forma que tenemos de comportarnos ante las diferencias.
Cuando nos encontramos con otro sujeto y ese otro tiene una manera diferente de pensar, de actuar, de ser a la nuestra, nos situamos, en general, a la defensiva, tomando esa forma diferente como una crítica a la forma propia. Nos sentimos entonces atacados y nos vemos en la necesidad de defendernos. Esta reacción defensiva, además, genera agresividad para con el otro, para el diferente.
Las diferencias con los otros son vistas como un ataque al Yo, y las resistencias narcisistas salen a defenderlo.
Escuchar al otro, su forma diferente de pensar, nos asusta, por si lo que el otro dice nos puede cambiar, puede cambiar nuestro pensamiento, o nuestra forma de proceder. Y las resistencias quieren seguir siendo fiel a su yo, manteniéndolo inalterable, agarrándose a formas antiguas de pensar y de relacionarse.
Las resistencias narcisistas se atrincheran para no dejar que nada del otro pase, me toque, y tratar de imponer sobre el otro mi forma de pensar.
Ante las diferencias con los otros hay varias formas de actuar:
- Me someto a lo que el otro dice, evitando el conflicto. Esta forma de actuar puede conllevar después, en quien se somete, la venganza sobre el otro
- Trato de imponer mi opinión sobre la del otro. Esta forma es más agresiva, y si el otro, a su vez, reacciona igual, la escalada será monumental
- O escucho y tolero la opinión del otro.
Las dos primeras opciones son lo mismo, ya que en ambos sigo sin tolerar las diferencias. En un caso me hago daño a mí, y en otro, hago daño al otro.
Nuestro narcisismo no deja espacio para incluir nada del otro. Es por esto que cuando dos personas hablan o discuten creen estar en posesión de la verdad.
Lo que trato todo el tiempo, o lo que trata nuestro narcisismo, es que algo de mi permanezca, y que caiga por encima del otro.
Pero ¿qué consigue realmente nuestro narcisismo? Consigue realmente un estado de inmortalidad, que no es real. Si no te desprendes de cosas de ti, no dejas espacio para incluir nada de los demás.
Estas resistencias narcisistas son las que explican que lo primero que nos producen las diferencias con los demás sea rechazo: diferencias raciales, de clase, de opinión, de educación, de edad…
Estas resistencias narcisistas del yo son inconscientes, es decir, el sujeto nada sabe de ellas. Solo las conoce por sus efectos. Es por eso que es necesario que el psicoanalista las interprete en el contexto analítico para poder librar al sujeto de su más implacable enemigo, su yo.
Una psicoanalista en Las Palmas