La ansiedad y la angustia son dos trastornos que suelen ser confundidos, utilizando indistintamente una palabra u otra. No sabemos entonces si son dos formas de llamar a lo mismo o si, por el contrario, se diferencian.
Lo que vamos a ver en esta entrada es que son dos estructuras diferentes, aunque muchas veces aparecen de forma conjunta.
La diferencia más llamativa es que la ansiedad es más psíquica y la angustia más física.
La persona con ansiedad tiende a una visión pesimista de la vida, a una sobre preocupación, que le genera un estado de alerta que le dificulta vivir. Un ejemplo muy gráfico para entender la ansiedad es el siguiente: vemos, al llegar a nuestra casa, que una ambulancia está por la zona, y el primer pensamiento que nos viene a la cabeza es que un familiar va en ella, cuando en la realidad no hay ninguna situación por la que tener este pensamiento. Muchos pacientes que sienten ansiedad dicen reconocer sus pensamientos y preocupaciones como una especie de obsesión.
Por otro lado, la angustia se siente en el cuerpo. Una serie de síntomas forman el cuadro de la angustia. Taquicardia, respiración agitada, mareos, opresión en el pecho, sudoración. Se suele acompañar de una sensación de malestar psíquico difícil de calificar.
Esta característica física de la angustia hace que muchas veces se confunda con una dolencia orgánica y la persona acuda a los servicios médicos de urgencia.
La angustia suele aparecer no asociada a ninguna situación u objeto, por lo que se hace más intolerable que la ansiedad.
Sin embargo, que la angustia no tenga objeto, o no tenga idea a la que enlazarse, no quiere decir que no se produzca frente a algo, que no haya una situación psíquica que dispare su aparición. Concretamente, hay algo psíquico de la situación en la que el sujeto está involucrado, que le evoca esta reacción, solo que desconoce qué es.
Por otro lado, aunque la ansiedad puede ser mejor tolerada que la angustia, y las personas pueden vivir en ese estado de alerta sin tener conciencia de ella, un estado de ansiedad permanente puede llevar a la aparición de enfermedades psicosomáticas.
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