La diferencia entre salud y enfermedad para el psicoanálisis es una cuestión de cantidad, no de calidad. Por ejemplo, un poco de de angustia es saludable porque nos prepara para la acción, pero si traspasa determinada cantidad ya es patológico o sintomática, porque puede inhibir la función.
La medicina es la ciencia que lucha contra la enfermedad, el proceso patológico. El psicoanálisis piensa la enfermedad de forma distinta.
El psicoanálisis no lucha contra la enfermedad, la escucha. No Lucha- Escucha lo que la enfermedad tiene que decir. La enfermedad o el síntoma con el que el paciente llega a la consulta es discurso manifiesto y como tal hay que escucharlo.
Es en la labor analítica donde iremos viendo qué le pasa al sujeto, qué enfermedad, o mejor, qué estructura patológica sustenta el síntoma. Pero para ello, para el diagnóstico, si queremos decirlo así, tenemos que esperar que el sujeto hable; siempre es después del discurso del sujeto, no antes.
Para el psicoanálisis la salud es producción, no es sin trabajo. Es algo a construir. El paciente se empieza a curar porque no se trata de un enfermo, sino de un sujeto que habla, un sujeto en análisis.
Para la teoría psicoanalítica no hay diferencia de cualidad entre un enfermo y un sano, porque todos, podríamos decirlo así, estamos «enfermos» del lenguaje; porque hablamos es porque enfermamos; porque sabemos de nuestra mortalidad es porque enfermamos.
El objetivo del psicoanálisis no es curar, es psicoanalizar. Es verdad que tiene como efecto la cura y a medida que el paciente se va psicoanalizando también se va curando, pero es secundario. Por eso también las personas acuden al psicoanálisis como método terapéutico. Su principal objetivo es producir autoconocimiento y autotransformación en el paciente.
En la próxima entrada hablaremos sobre los criterios de salud para el psicoanálisis.
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