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Como celebrar la Navidad y no morir en el intento.

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La Navidad es una época del calendario que produce afectos muy distintos en las personas. Algunos la esperan con ilusión y la viven con alegría y entusiasmo, sin embargo otros, lamentan su llegada y esperan que pasen lo antes posible.

Aunque no debemos obligarnos a ser felices en estas fechas, podemos mejorar nuestra experiencia navideña siguiendo algunas recomendaciones.

Lo primero y más importante, no imponernos ser felices y cariñosos, por esperarse de nosotros que la vivamos con la máxima alegría y la unión total con nuestra familia. Asumir nuestro estado de ánimo, sea el que fuere, sin sentirnos mal por ello.

La navidad está cargada de obligaciones y compromisos que pueden aguarnos las fiestas. Para tener una experiencia positiva de estas obligaciones es importante romper la rutina. Está demostrado que muchas personas que dicen “odiar” la navidad, lo que realmente no les gusta son las obligaciones establecidas en torno a ella.

Controlar la nostalgia frente a la muerte de seres queridos.

Durante la navidad el recuerdo de los que no están se hace más presente. Cuando la muerte ha sido reciente, menos de un año, las primeras navidades suelen ser una experiencia dolorosa.  Para evitar este dolor muchas personas toman una solución drástica, no celebrar ese año la navidad. Cada uno en su casa hará que el dolor sea más llevadero. Sin embargo, las navidades pueden convertirse en una oportunidad para vivir el duelo en familia, para compartir nuestro dolor con otros e, incluso, para conocer más a la persona fallecida. Cuando las familias se permiten vivir este dolor y compartirlo la experiencia suele ser muy positiva.

Cuando la muerte no ha sido tan reciente, hemos de controlar la nostalgia que nos produce el recuerdo de la persona fallecida. Es importante recordar, pero aún es más importante dedicar nuestro tiempo a los que siguen aquí. Ellos nos lo agradecerán.

¿En tu casa o en la mía?

La celebración de la navidad también supone para las parejas compromisos con sus familias de origen. Las parejas suelen resolver esta situación pactando, el 24 con mi familia y el 31 con la tuya. Las decisiones han de ser equitativas por supuesto, pero hay que evitar rigidizarlas. No dejan de ser celebraciones de momentos festivos, así que la flexibilidad puede ayudarnos a disfrutar más de esos momentos. Lo que nos hace realmente seres superiores no es la posibilidad de ordenar y legislar todo lo que nos sucede alrededor, sino la capacidad de darnos cuenta cuando estamos ante una situación distinta que requiere de una solución diferente. Por eso, aquí cambio la pregunta de en tu casa o en la mía por la afirmación en tu casa y en la mía. Cada miembro de la pareja puede disfrutar de forma independiente su especial día de navidad.

Esta semana les toca conmigo.

En familias con padres separados, la organización de las vacaciones de navidad de los hijos se suele llevar a cabo. Los padres acuerdan los periodos en que los niños pasaran con uno y otro. A veces, incluso, cuando no hay acuerdo, un convenio regulador marcará estas decisiones. Pero no hemos de olvidar que de niños se trata, y si con los adultos las rigideces sientan mal, con los niños sientan aún peor. Nuestros acuerdos y decisiones marcan unas pautas generales de funcionamiento, pero hay que ser flexibles, y más en estas fechas donde las oportunidades de los niños para verse con los familiares de una y otra parte son tan frecuentes. Un cumpleaños de un primo, o una celebración determinada, puede y ha de romper el calendario que teníamos propuesto. Si hacemos un esfuerzo, nuestros hijos nos lo agradecerán.

Hacer nuestra la navidad nos permitirá disfrutar más de ella.

 

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