El síndrome del Emperador o del niño rey

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¿Su hijo impone su ley en su casa? ¿Sus rabietas agotan su paciencia? Si no le da lo que quiere ¿le culpa de ello? Si ha respondido de forma positiva a estas preguntas puede que su hijo sufra el síndrome del Emperador.

Aunque no existe un cuadro clínico con esta denominación, se usa la expresión de síndrome del Emperador para referirse a aquellos niños y adolescentes que muestran conductas desadaptadas y violentas hacia sus progenitores.

Podemos distinguir las manifestaciones de este síndrome según se presenten en la infancia o en la adolescencia.

Infancia:

–         El niño muestra una serie de conductas alteradas cuando los padres no cumplen con sus deseos. Tendrá rabietas, gritos, exigirá aquello que quiere, no cesará hasta conseguirlo y no aceptará el no por respuesta. Solo se calmará cuando los padres le den aquello que pide, quiere o desea.

Adolescencia:

–         En muchas ocasiones niños que mostraban conductas adaptadas en la infancia y que eran niños “buenos”, según relatan sus padres, cuando llega la adolescencia cambian de conducta y actitud. Se muestran desafiantes, agresivos e incluso violentos. Exigen que les den lo que ellos piden. Maltratan psíquica y físicamente a sus padres, los cuales ven como su niño, que “no les daba problemas”, se ha convertido en un tirano.

¿Qué le pasa a estos niños para desarrollar estas conductas?

Para responder a esta pregunta hemos de introducir lo que en Psicoanálisis se conoce con el nombre de Narcisismo. El narcisismo debe su nombre al mito de Narciso. Este mito nos relata la historia de un joven muy hermoso del cual se enamoraban las doncellas, pero él las rechazaba. Para castigar al joven por su engreimiento, la diosa de la venganza, Némesis, hizo que se enamorara de su propia imagen reflejada en un lago. En una contemplación absorta e incapaz de apartarse de su propia imagen, cayó al lago ahogándose. En el lugar en el que se ahogó nació un narciso.

El termino Narcisismo hace referencia al sujeto que solo está enamorado de sí mismo, teniendo grandes dificultades para amar a otros.

Aunque esta definición hace referencia a una perversión en el adulto, en la etapa de la infancia el niño muestra conductas narcisistas, creyéndose el centro del mundo, y amándose a sí mismo por encima de todas las cosas. Este narcisismo infantil se alimenta de los comentarios y alabanzas de sus cuidadores, los cuales ensalzan sus virtudes y belleza. Sin embargo, en un momento determinado de la evolución, y por necesidades sociales y educativas, los padres empiezan a limitar este narcisismo, el cual va siendo abandonado poco a poco, aunque nunca del todo. Siempre quedan rasgos de este narcisismo infantil en el adulto.

Aquellos niños con síndrome del emperador son niños que no han hecho una progresión de un estado narcisista primario a un estado más socializado, donde ya no solo cuentan sus necesidades sino también la de los otros. El aspecto del egoísmo se juega en esta etapa de la vida.

Los padres pueden favorecer estas conductas narcisistas de sus hijos dándole todo lo que piden, no poniéndole límites y evitándoles cualquier renuncia o sacrificio.

Por otro lado también nos encontramos, en numerosas ocasiones, como niños que en su infancia han sido buenos y adaptados se convierten en tiranos cuando llega la adolescencia. ¿Qué ocurre en estos casos?

También ellos han sido tratados como reyes en su infancia, pero no es hasta la etapa de la adolescencia que empieza a surgir una corriente agresiva y violenta hacia sus padres. Estos jóvenes, que hasta entonces lo han tenido todo, tienen que empezar a afrontar una vida de adultos, no estando preparados para ello. Esta nueva situación les produce frustración que descargan contra sus padres, culpándoles de todo lo que les pasa. En el fondo, el adolescente les reprocha no haber limitado su narcisismo y la sobreprotección de la que han sido objetos.

¿Cómo tratar el síndrome del Emperador?

Con respecto a los niños y adolescentes se interviene sobre este narcisismo, limitándolo a la vez que se favorece el proceso de socialización. Con respecto a los padres, se trabaja sobre sus ideas y prejuicios con respecto a la educación, introduciendo aspectos como que el amor, también, es poner límites.

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