Las vacaciones son un tiempo esperado por todos, especialmente por las parejas que durante el año se quejan del poco tiempo que pasan juntas. Sin embargo, éstas se pueden volver conflictivas.
Hay estadísticas que indican que el número de demandas de divorcio en septiembre se dispara: un 40% más.
Hoy vamos a reflexionar sobre este dato.
Durante el año, con las responsabilidades laborales, familiares y sociales, los miembros de la pareja se quejan de que apenas pasan tiempo juntos. Frente a esta situación se ponen el propósito de solucionarlo durante las vacaciones.
Sin embargo, este propósito puede convertirse en fuente de conflictos si la pareja no trabaja por producir juntos este nuevo tiempo que se les abre. Muchas parejas funcionan durante el año y desde que tienen la oportunidad de compartir más tiempo juntos, aparecen los problemas.
¿Son por esa razón parejas abocadas al divorcio? Hemos de decir que no, ya que durante el año han conseguido una organización y una convivencia que las hace funcionar.
Lo que ocurre es que el tiempo de vacaciones también ha de ser proyectado, trabajado para conseguir el tan anhelado descanso.
Las parejas han de sentarse y hablar sobre su idea de vacaciones, lo que les gustaría hacer, el tiempo que quieren pasar juntos, pero también por separado.
A veces, tenemos una idea del amor romántico que nos habla de que hemos de acoplarnos en todo al otro, hemos de pensar de la misma manera, hemos de querer lo mismo. Y esta idea suele hacer mucho daño ya que tratamos de adaptarnos a ella. Pero el amor romántico no es real, los miembros son distintos, tienen diferentes necesidades y deseos y para conjuntar estas diferencias, para llevar adelante un proyecto común, como unas vacaciones, es necesario un trabajo.
En la consulta me encuentro con parejas que aparentemente no tienen problemas en este sentido, sin embargo, cuando profundizo, lo que veo es que uno ha cedido la voz o el deseo al otro. No es que no haya diferencias entre ellos, sino que se ocultan, se invisibilizan. Esta postura puede hacer que la persona delegue su deseo en el otro y esta actitud puede traer luego consecuencias en forma de conflictos.
Trabajar por generar un proyecto común, que tenga en cuenta lo que ambos quieren para disfrutar de ese tiempo, puede ahorrarnos muchas discusiones. Quizás, la mejor idea no es pasar todo el tiempo de vacaciones juntos, sino también disponer de un espacio para hacer aquello que a cada uno le gusta.
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