La pasada semana hablamos sobre el Enamoramiento. Decíamos que el enamoramiento es el proceso de ligamiento de la energía libidinal o psíquica al objeto amado.
El duelo se caracteriza por ser el proceso contrario. Consistirá, precisamente, en el desligamiento de toda la libido del objeto amado, ahora perdido.
En el proceso de duelo ha tenido lugar una pérdida, por parte del sujeto, del objeto amado. Bien por fallecimiento o por ruptura, el objeto ya no está, y toda la energía psíquica puesta en él, ha de volver al yo. Ese proceso de vuelta, es lo que se denomina «el trabajo del Duelo»; y se le llama así porque requiere de un trabajo psíquico que ha de ser llevado a cabo durante un tiempo.
¿En qué consiste ese trabajo?
El duelo no puede realizarse inmediatamente, sino de forma paulatina y con un gran gasto de tiempo y energía para el sujeto. Poco a poco, el sujeto va desligando esa energía depositada en el objeto, y la va ligando sobre otras personas o cosas. Sin embargo, cada recuerdo constituye un punto de enlace de la libido con el objeto perdido, y esa energía se sobrecarga. Así sucesivamente, hasta que llega un momento que el yo vuelve a quedar libre y exento de las inhibiciones que produce el duelo.
La realidad se le impone al sujeto que le dice que el objeto amado ya no está, y que tendrá que buscar otros objetos a los que amar.
No nos explicamos por qué el proceso de duelo ha de ser tan doloroso y conllevar un gasto de energía tan grande.
El enamoramiento puede ser una de las formas de salir del duelo, es decir, sustituir al objeto amado perdido por otro objeto. Pero esta sustitución no tiene que ser la única; también puede ser una nueva afición, el trabajo o un cambio de vida.
El yo estará listo para salir al mundo.
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