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Conferencia “La sexualidad humana”

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Conferencia de psicoanálisis impartida el 11 de diciembre de 2015 en el Colegio Oficial de Psicólogos de Las Palmas.

El descubrimiento del psicoanálisis revolucionó el pensamiento sobre lo sexual en lo humano. ¿Qué aportó al concepto de sexualidad?

Las principales aportaciones fueron las siguientes:

  1. INTRODUCE UN CONCEPTO DE SEXUALIDAD MUCHO MÁS AMPLIO QUE LA GENITALIDAD. Lo genital está dentro de lo sexual pero no lo abarca todo.

Este concepto más amplio de la sexualidad nos diferencia de los animales, donde su sexualidad es exclusivamente genital. En el ser humano es necesario el deseo. El ser humano necesita ser deseado y desear. El hombre necesita ser deseado si no, no funciona. La mujer necesita ser amada, si no, no funciona.

Vamos a ver como muchos trastornos sexuales, incluso físicos, tienen que ver con trastornos del deseo. Ella si no es amada, si no se siente amada, tiene problemas con su deseo. El si no se siente deseado, tiene problemas también con su deseo.

Otra cuestión que produce complicaciones en las relaciones sexuales es el mito de la unidad, de buscar lo mismo, y en el mismo momento. Eso perturba la sexualidad, ya que cada uno busca, como decíamos antes, cosas distintas.

Luego a él le pasa también una cosa con esto de desear y amar. No ama a la mujer que desea, y no desea a la mujer que ama. Después de las etapas iniciales de la relación de pareja, y cuando empieza a amar a la mujer, deja de desearla.

  1. ETAPAS DE LA SEXUALIDAD HUMANA. La sexualidad nos acompaña a lo largo de toda la vida, y se constituye en dos tiempos separados por una etapa de latencia: la sexualidad infantil y la metamorfosis de la pubertad.

El psicoanálisis descubre que también en la infancia hay sexualidad, y no solo en la edad adulta, como se creía erróneamente.

Y ¿cuáles son esas manifestaciones de la sexualidad infantil?

El primer goce que conoce el bebé es el goce de la boca. La cálida corriente de leche materna que excita la mucosa bucal, además de saciar su hambre, le produce un placer.

Posteriormente aparece el chupeteo, que repite la acción succionadora, pero en este caso, donde no hay comida, por el solo placer de succionar. Succionará una parte de los mismos labios, la lengua o el dedo de la mano o el pie.

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La boca ya no será más exclusivamente un órgano del aparato digestivo, sino también una zona erógena, erógena en el sentido de productora de placer. Goce que se experimentará por el beso, pero también con la ingesta de alimentos. Todos hemos oído la frase: “comer es uno de los mayores placeres”.

Muchas de las obesidades, tabaquismo y alcoholismo tienen que ver con este goce de la boca. ¿Ven como la sexualidad va mucho más allá de la genitalidad?

Posteriormente viene la etapa anal o de control de esfínteres. Lo anal se transforma en fuente erógena, al igual que lo fue antes, y lo seguirá siendo siempre, la boca. El niño obtiene un placer reteniendo o defecando. Primero por la excitación de las mucosas, y segundo porque sus pequeños desechos son un don de amor para sus padres. ¿No me hace caquita mi niño? Le dice la mamá en su intento de educarlo. Esos goces conocidos alguna vez, son goces que no se abandonan. El humano jamás abandona aquello que lo hizo gozar.

Muchos estreñimientos y diarreas crónicas de causa desconocida o también llamadas funcionales, el colón irritable, … tienen que ver con la no renuncia a este goce, que no cumple solo con la función  de excreción, sino también de dominio, ya que el niño ahora puede dar o no dar lo que se le pide, y en esa decisión propia se autoafirma como sujeto diferente de los adultos.

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Después de estas dos etapas del desarrollo sexual, llega una etapa que no tiene una concreta correlación anatómica, y que se llama etapa fálica (de 3 a 6 años). Es quizás la que más influye en la constitución de la sexualidad adulta. Entre las principales aportaciones que hace esta etapa a la sexualidad se encuentran:

–         se produce la primera elección de objeto en el sujeto humano, que tanto en el niño como en la niña va a ser la madre: Complejo de Edipo

–         es cuando el niño descubre la diferencia sexual, pero no acierta a explicarse porque hay otros niños que son diferentes. Ante la incapacidad del conocimiento de los genitales femeninos, de la vagina, el niño piensa que todos tienen pene, y de esta manera atribuye a las niñas un pene que ya les crecerá. También las niñas hacen esta atribución. Sin embargo, ante la evidencia de que aquello no crece, construirán la teoría de la castración, si no lo tiene es porque se lo han cortado. Aparece, por primera vez en el niño, el temor a perder, y en la niña, la envidia del pene, complejos que les acompañarán toda la vida.

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Etapa de latencia (de 6 a 11 años). Es una etapa donde el niño y la niña dejan de interesarse por las cuestiones sexuales y se centran en los intereses sociales, los estudios, los amigos. Pueden haber niños que continúen teniendo manifestaciones sexuales de etapas anteriores, pero en el desarrollo normal, aparece esta etapa.

Etapa genital o metamorfosis de la pubertad (de los 12 años en adelante): es la etapa en la que se despierta la genitalidad. Empiezan a desarrollarse los caracteres sexuales secundarios del chico y de la chica, y es cuando la conducta sexual se orienta hacia el coito. Ya el aparato sexual está preparado para el fin sexual principal que es la función reproductora, no siendo así hasta este momento. Es la segunda etapa de la elección de objeto, en este caso, elección de objeto no incestuoso. En esta etapa se constituyen los significantes hombre y mujer. En la etapa fálica se constituyen los significantes padre y madre.

No es que en cada etapa se elimine la zona erógena anterior, sino que una nueva tiene primacía, pero sin abandonarse las anteriores. El humano no abandona nunca algo que le produjo goce. Luego todas las zonas estarán en la sexualidad adulta. Cada zona de cada etapa se convierte en una zona erógena que irá en apoyo e intensificará el fin sexual adulto, aunque en sí mismo pueda ser satisfactorio.

Las primeras etapas de la sexualidad se caracterizan por ser autoeróticas, es decir, el niño encuentra el placer en su propio cuerpo. Solo más tarde es cuando aparece el objeto exterior, el objeto amoroso, hacia el que dirigen todos sus deseos, constituyéndose lo que se denomina la sexualidad adulta.

MUCHAS GRACIAS

Texto trabajado: “Tres ensayos para una teoría sexual” de Obras Completas de Sigmund Freud

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